Ansiedad en tiempos de hiperexigencia: la diferencia entre activarse y colapsar

(Por BR) La ansiedad suele ser percibida como un enemigo silencioso que interfiere en la vida cotidiana. Sin embargo, lejos de ser siempre negativa, cumple una función puntual en el organismo humano. Según Sol Gamell, psicóloga, es importante distinguir entre una ansiedad funcional, que impulsa a la acción y una ansiedad destructiva, que desgasta y paraliza.

“La ansiedad es un mecanismo natural del cuerpo, necesario para prepararnos ante situaciones de peligro o desafío. Pretender una vida sin ansiedad no es realista ni útil”, señaló Gamell. En ese sentido, aclaró que existe una forma de ansiedad adaptativa, aquella que aparece frente a un objetivo concreto y ayuda a movilizar energía, foco y preparación. Un ejemplo cotidiano es la ansiedad previa a una reunión laboral importante, permite organizarse, anticiparse y rendir mejor. Una vez superada la situación, ese estado disminuye.

El problema surge cuando la ansiedad deja de ser temporal y se transforma en un estado constante. “Cuando ya no orienta, sino que desorganiza”, puntualizó la especialista. En estos casos, la ansiedad no se reduce con la acción, no tiene un foco claro y se manifiesta como una sensación difusa, el famoso "todo me genera ansiedad".

Esta ansiedad destructiva suele estar acompañada de rumiación, es decir, pensamientos repetitivos que giran en torno al mismo tema sin resolución; hipervigilancia, un estado de alerta permanente; y conductas de evitación, como aislarse, postergar tareas o dormir en exceso.

El fenómeno se ve intensificado en ámbitos como el corporativo y académico, donde las exigencias, los plazos y la autoexigencia constante generan un desgaste progresivo. A esto se suma otro factor de la vida actual, que son las redes sociales. Según la psicóloga, “las redes sociales ocupan un rol central en nuestras vidas, pero sobre todo en el aumento de la ansiedad, es una estimulación constante, nuestro sistema nervioso no descansa, estamos en conversación permanente, tenemos una sensación de insuficiencia crónica, a veces pasa que estamos súper contentos, con algún logro que tuvimos, entramos a las redes y vemos que alguien logró otra cosa y tendemos a desmeritar nuestros propios logros”.

Frente a este escenario, Gamell propone regular la ansiedad, no eliminarla. Entre las herramientas más efectivas menciona el cuidado integral del cuerpo y la mente: actividad física regular (no basada en la exigencia estética), ejercicios de respiración, una buena rutina de sueño y una alimentación equilibrada. “Hoy se sabe cada vez más sobre la conexión entre el intestino y el cerebro”, destacó.

En el plano mental, subrayó la importancia de diferenciar hechos de interpretaciones, establecer objetivos realistas y fragmentar las tareas para evitar la frustración. Reducir estímulos, silenciar notificaciones y priorizar experiencias reales también ayuda a disminuir el nivel de alerta constante.

Otro concepto estrechamente ligado a la ansiedad es la procrastinación. En muchos casos, explicó Gamell, surge de la autoexigencia excesiva o del miedo a no hacerlo perfecto. "Si no va a salir bien, mejor no intento", es una lógica frecuente que alimenta el círculo de ansiedad y culpa. Finalmente, la psicóloga enfatiza la necesidad de escuchar al cuerpo. Dolores persistentes, insomnio o cambios bruscos en el apetito no deben naturalizarse. 

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