“La armonización facial no es una cirugía; son procedimientos mínimamente invasivos. Generalmente es personalizada, para que el rostro del paciente tenga buenas proporciones y se pueda realzar su belleza natural. Con este tipo de tratamiento se logra mantener la naturalidad del rostro sin cambiar las expresiones ni aumentar volumen”, explicó.
Este enfoque marca una evolución en la estética. Durante años, la tendencia estuvo asociada al exceso, con rellenos visibles, volúmenes marcados y resultados poco naturales. Hoy el paradigma cambió. “Antes se utilizaba mucho ácido hialurónico, pero con el tiempo se vio que no se reabsorbe completamente, por lo que el enfoque actual es mucho más cuidadoso”, señaló Coronel.
La clave de la armonización facial radica en su carácter personalizado. No existen tratamientos estándar, ya que cada rostro es único. “No todos somos iguales y lo que le queda bien a uno no necesariamente le favorece a otro”, afirmó. Por eso, el trabajo del profesional consiste en analizar cada caso y aplicar únicamente lo necesario para lograr un resultado equilibrado, fresco y armónico.
Entre los procedimientos más comunes se encuentran la aplicación de ácido hialurónico en zonas como pómulos, labios, mentón o mandíbula, y la toxina botulínica para tratar líneas de expresión. “Sirve para mejorar las líneas de expresión y las arrugas. También, en el mismo día, se puede aplicar bioestimulador de colágeno si la paciente presenta flacidez, para estimular su producción”, explicó.
Sin embargo, la especialista advirtió que lo ideal es realizarlos de forma gradual. “Si se hace todo en un solo día, puede haber más inflamación. La mayoría de los pacientes quiere continuar con su rutina normal, por eso recomendamos ir paso a paso”, detalló.
Otro punto es la edad. Si bien muchas personas asocian estos tratamientos con etapas más avanzadas, la realidad es que no existe una regla fija. “Depende mucho del paciente. Hay personas jóvenes que, por exposición al sol o características propias, pueden necesitar algún tratamiento antes”, explicó.
En este contexto, surge uno de los mayores desafíos actuales: la influencia de las redes sociales. La exposición constante a estándares de belleza genera, muchas veces, inseguridades y expectativas poco realistas. “Hay pacientes que vienen buscando verse como en redes, pero en realidad no lo necesitan”, señaló Coronel. Frente a esto, el rol del profesional es fundamental, no solo desde lo técnico, sino también desde lo ético.
En algunos casos, incluso, el abordaje debe ser interdisciplinario. “Trabajamos con psicólogos y psiquiatras porque muchas veces el problema no es estético, sino emocional”, indicó.
La seguridad también es un aspecto central. Aunque se trata de procedimientos mínimamente invasivos, requieren cuidados específicos. Por ejemplo, tras la aplicación de toxina botulínica se recomienda no tocar la zona, evitar la exposición al sol, no realizar actividad física intensa ni ingresar a piscinas o saunas en las primeras horas. Además, es fundamental no aplicar productos sobre la piel inmediatamente después del tratamiento para prevenir infecciones.
Por otro lado, según Coronel, en los últimos ocho años la medicina estética experimentó un avance significativo, tanto en demanda como en aceptación social. “Hoy la gente está más informada y se anima más. Incluso los hombres, que antes lo veían como un tabú, ahora forman parte activa de este mercado”, comentó. No obstante, aún existen desafíos, especialmente en la elección de profesionales y la calidad de los productos. “Muchos se guían por el precio, pero los buenos productos son costosos. Lo barato puede salir caro”, concluyó.
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