“Lo que más vemos en consulta durante el verano son personas que refieren ardor, dolor o picazón en el cuero cabelludo cuando se exponen al sol”, señaló Benítez. A través de estudios con tricoscopio (una herramienta que permite analizar en detalle el cuero cabelludo), se detectan con frecuencia inflamaciones e incluso quemaduras solares. “Muchas veces la persona no lo ve, pero el cuero cabelludo está enrojecido, inflamado, literalmente quemado”, explicó.
Uno de los factores que incrementan este riesgo son ciertos peinados de moda, como trenzas muy tirantes o el llamado clean look, que dejan grandes zonas del cuero cabelludo expuestas al sol. “El cuero cabelludo es piel, igual que el resto del cuerpo, y también se quema. No hace falta tener el cabello recogido, personas con menor densidad capilar también pueden sufrir quemaduras aun llevando el cabello suelto”, aclaró la especialista.
A este escenario se suman otros agentes agresivos típicos del verano. El cloro de las piscinas y la sal del mar afectan directamente la fibra capilar. “El cloro genera una reacción química con las sales del cabello, provocando oxidación, decoloración e incluso el clásico tono verdoso. La sal del mar, en cambio, deshidrata la hebra capilar, dejando el cabello más seco, frizado y difícil de peinar”, detalló Benítez.
Según la terapeuta capilar, lo importante está en la protección, tanto física como química. Sombreros, gorras o peinados suaves que resguarden el cuero cabelludo ayudan a reducir la exposición directa al sol. A nivel químico, el uso de protectores capilares, aceites y mantecas naturales puede crear una barrera eficaz, siempre que se elijan correctamente. “No todos los aceites son iguales, ya que algunos penetran la fibra y otros solo la recubren. Usar el producto incorrecto puede empeorar el daño”, advirtió.
Entre las opciones naturales recomendadas se destacan el aceite de coco, que puede penetrar la hebra capilar, y mantecas como la de cacao, que ayudan a crear un escudo protector. Sin embargo, Benítez enfatizó que la protección no termina allí. “Después de salir del mar o de la piscina, es fundamental higienizar el cuero cabelludo y el cabello lo antes posible. Dejar sal o cloro por horas es cuando realmente se produce el daño”, señaló.
En cuanto a la rutina diaria, la especialista insistió en la importancia de diferenciar el cuidado del cuero cabelludo del cuidado del cabello. “El shampoo debe responder a las necesidades de la piel de la cabeza, no a promesas comerciales como brillo extremo o lacio perfecto. El acondicionador, en cambio, debe elegirse según el estado del cabello, ya sea seco, poroso, con frizz”, dijo. Ambos productos son básicos e indispensables, independientemente de que el cuero cabelludo sea graso o el cabello corto.
Finalmente, Benítez subrayó que ningún tratamiento externo funciona sin hábitos saludables. Hidratación adecuada, alimentación equilibrada y consumo de frutas y verduras de estación son aliados clave. “En verano recomiendo frutas con alto contenido de agua, como sandía y piña, además de una correcta ingesta diaria de agua. La salud capilar empieza desde adentro”, afirmó.
Aunque existen recomendaciones generales, la terapeuta capilar remarcó que cada caso es único. “La consulta capilar permite evaluar el cuero cabelludo, el cabello y los hábitos de cada persona para indicar lo que realmente necesita. Esa personalización marca la diferencia”, puntualizó.
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