La enfermedad se caracteriza principalmente por una picazón intensa y persistente, además de piel seca, enrojecimiento, descamación y lesiones que pueden aparecer de manera recurrente.
La Dra. Azucena Lezcano explicó que las manifestaciones varían según la edad. En los bebés, las lesiones suelen concentrarse en las mejillas y en las superficies externas de brazos y piernas. En niños mayores y adultos, en cambio, aparecen con mayor frecuencia en los pliegues de los codos, detrás de las rodillas, el cuello, las manos y el rostro.
La Dra. Romina Contreras, responsable de la Unidad de Psoriasis y Enfermedades Autoinmunes de la Cátedra de Dermatología del Hospital de Clínicas y presidenta de la Sociedad Paraguaya de Dermatología, remarcó que no debe confundirse con una simple alergia o irritación.
En la dermatitis atópica intervienen una barrera cutánea debilitada y una respuesta inmunológica alterada. Esta combinación favorece la inflamación y la aparición de brotes que pueden repetirse a lo largo del tiempo.
Qué puede desencadenar un brote
No existe una única causa capaz de explicar las exacerbaciones. Entre los factores más frecuentes se encuentran los cambios bruscos de temperatura, el calor, la sudoración excesiva, el frío, el clima seco y el estrés.
También pueden empeorar los síntomas determinados jabones, detergentes, perfumes, cosméticos y telas ásperas, como la lana.
La alimentación suele generar dudas entre los pacientes. Las especialistas aclaran que las alergias alimentarias pueden coexistir con la dermatitis atópica, especialmente durante la infancia, pero eliminar alimentos sin una evaluación médica puede ser contraproducente.
Las dietas restrictivas realizadas por cuenta propia pueden ocasionar déficits nutricionales y llevar a tratamientos innecesarios sin resolver el verdadero origen de los brotes.
Mejorar no significa abandonar los cuidados
Uno de los errores más frecuentes ocurre cuando las lesiones desaparecen y el paciente considera que la enfermedad está resuelta.
Según la Dra. Lezcano, incluso cuando la piel parece estar bien, su barrera protectora continúa siendo vulnerable. Por eso, la hidratación y los cuidados cotidianos deben mantenerse también durante los períodos sin brotes.
A esto se suma el uso de remedios caseros, cremas perfumadas o medicamentos recomendados por familiares o conocidos sin supervisión profesional.
La Dra. Contreras mencionó además prácticas como los baños con agua demasiado caliente, las exfoliaciones, las dietas restrictivas y el uso de antibióticos sin indicación médica.
Otro problema habitual es el temor al uso de corticoides tópicos, que puede llevar a interrumpir prematuramente tratamientos indicados por especialistas y dificultar el control de la enfermedad.
La hidratación también es tratamiento
El cuidado diario de la piel constituye uno de los pilares fundamentales del abordaje de la dermatitis atópica. Los especialistas recomiendan baños cortos con agua tibia, limpiadores suaves, hidratación diaria con productos adecuados para piel atópica y ropa cómoda que no genere fricción.
Mantener las uñas cortas y evitar, en la medida de lo posible, la sudoración excesiva también ayuda a reducir las lesiones provocadas por el rascado.
“Una buena rutina diaria puede parecer algo sencillo, pero en dermatitis atópica constituye una verdadera herramienta terapéutica”, destaca la Dra. Lezcano.
Cuando la enfermedad empieza a condicionar la vida
La gravedad de la dermatitis atópica no se mide únicamente por la cantidad o extensión de las lesiones visibles.
También deben considerarse la intensidad de la picazón, la frecuencia de los brotes, el dolor, las dificultades para dormir y las repercusiones en la vida laboral, escolar, social y emocional.
Cuando los síntomas se mantienen durante largos períodos, reaparecen constantemente o no responden de manera adecuada a los tratamientos tópicos, puede ser necesario avanzar hacia otras opciones terapéuticas.
Entre ellas se encuentran la fototerapia y los medicamentos capaces de actuar sobre mecanismos específicos implicados en el proceso inflamatorio.
Nuevos tratamientos cambian el escenario
El mayor conocimiento sobre los mecanismos inmunológicos vinculados a la dermatitis atópica abrió en los últimos años una nueva etapa en su tratamiento.
Actualmente existen terapias dirigidas, entre ellas medicamentos biológicos y nuevas moléculas orales, destinadas principalmente a pacientes con formas moderadas o graves de la enfermedad.
Estas alternativas han permitido mejorar de manera significativa el control de la picazón y de los brotes en muchos pacientes, con un impacto directo sobre el descanso y la calidad de vida.
Sin embargo, las especialistas señalaron que los avances farmacológicos no eliminan la necesidad de mantener una estrategia de tratamiento sostenida.
Suspender, reducir o modificar la medicación sin acompañamiento profesional puede favorecer nuevas recaídas y hacer que se pierda el control previamente alcanzado.
La picazón constante no debe normalizarse
Para las dermatólogas, uno de los mensajes más importantes es que vivir con picazón permanente, lesiones recurrentes o noches sin dormir no debería asumirse como parte inevitable de la enfermedad.
Hoy existen más herramientas para diagnosticar la enfermedad, evaluar su gravedad y adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente.
El desafío ya no consiste solamente en atravesar los brotes, sino en mantener la dermatitis atópica bajo control y permitir que quienes conviven con ella puedan recuperar algo tan básico como dormir bien, sentirse cómodos con su piel y llevar una vida cotidiana con menos limitaciones.
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