¿Cómo trabajan los paraguayos? Mucho y mal según OCDE: falta formalización, innovación y capacitación, dicen referentes

Según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Paraguay se ubica entre los países con jornadas de trabajo más largas. Y a su vez con menor aporte al Producto Interno Bruto (PIB). Esto abre el debate sobre la formalización y la calidad de vida en el país.

Países como Colombia, Argentina, Bolivia, Perú, Uruguay, Cuba, Bolivia y México encabezan la lista. Asimismo, el estudio afirma que América Latina es una de las regiones donde más horas se trabajan al año en el mundo. Al mismo tiempo, la región tiene una de las tasas más altas de informalidad.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT), estima que hay 140 millones de personas trabajando en condiciones de informalidad, lo que representaría el 50% de los trabajadores. El reporte de la OCDE analiza que la cantidad de horas laborales no equivale a la productividad, puesto que hay países que trabajan menos tiempo a la semana, pero contribuyen en mayor porcentaje al Producto Interno Bruto (PIB) por cada hora.

Ejemplificó que en Irlanda se trabaja 1.772 horas a la semana y cada hora aporta cerca de 110 dólares al PIB, en tanto que en México, donde se trabaja más de 2.000 horas al año, cada fracción contribuye al PIB con US$ 22,2.

César Armele, directivo de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios del Paraguay (CNCSP), explicó que Paraguay aún se encuentra en una etapa incipiente en cuanto a legislatura laboral, ya que estos estudios tienen como parámetro a países más desarrollados y con alta inversión en tecnología, automatización y software.

“Las propuestas de trabajo de menor cantidad de horas semanales provienen de mercados más maduros, en donde no solo la capacidad de las personas, sino muchos otros factores están en un nivel de madurez que permite un nivel de eficiencia diferente”, expresó.

Consideró difícil llevar a la práctica este tipo de propuestas, y dijo que además hay que tener en cuenta que el 90% de las empresas son mipymes, cuyo nivel de estructuración es todavía precoz.

“En los mercados más maduros, el volumen de las empresas más grandes es mayor a la de nuestro mercado. Eso implica un cambio cultural en la administración de los ejercicios comerciales. También en las empresas más grandes hay automatización de procesos”, reveló.

Explicó que en una organización más pequeña el empleado tiene un rol multifacético, mientras que cuando crece hay otros parámetros de medición de gestión y procesos más complejos, pero que permiten un nivel de eficiencia y aprovechamiento mayor. Luego, este nivel de eficiencia puede capitalizarse con menor cantidad de trabajo.

El titular del gremio agregó que las grandes empresas también incorporan hoy día inteligencia artificial, que incluso reduce la cantidad de personas que puede gestionar un departamento.

“Diría que en nuestro mercado hay un déficit de inversión en software de gestión. Muchos siguen con planilla Excel, entonces todo esto hace que la iniciativa de trabajar menos horas no pueda ser aplicada”, indicó.

Por otra parte, manifestó que la informalidad es consecuencia de que se generan reglas poco prácticas y costosas. “Cuando legislamos partimos de una premisa falsa, de que todas las empresas son iguales, y al no hacer un discriminación, las exigencias están muy por encima de lo que la mayoría puede cumplir; eso orienta a la informalidad”, dijo.

Al respecto, también se refirió Freddy Fernández, presidente de la Asociación Paraguaya de Recursos Humanos (Aparh), y señaló que más o menos horas de trabajo no garantizan mayor productividad. “Y si bien es cierto que debemos computar las horas de trabajo para medir la evolución de la productividad, debemos centrar la atención en variables adicionales”, agregó.

Consideró que existen otros factores como la satisfacción y la motivación, la capacitación y disponibilidad de herramientas, entre otros, que influyen en el rendimiento y la eficiencia de los trabajadores.

“Debemos apuntar a mejorar la capacidad de innovación, que es uno de los pilares con mayor oportunidad de mejora, el fortalecimiento de habilidades técnicas, formación de capital humano y la inversión en investigación y desarrollo”, evaluó.

Con relación al poco aporte al PIB, a su criterio, en nuestro país el sector servicios posee enormes potencialidades pero se dejan de aprovechar debido al desconocimiento de la realidad del sector, y a la falta de registros de estadísticas desagregadas para tomas de decisiones. De ahí la importancia de la formalización del comercio de servicios en Paraguay.

“El trabajo es la principal fuente de ingresos, es el único mecanismo para acceder a seguridad social y permite ser parte de organizaciones gremiales y asociaciones profesionales que amplían beneficios. Al no existir un plan de regulación, nos exponemos a que el empleo no proporcione las condiciones mínimas de vida”, apuntó sobre la calidad de vida.

Ahora bien, si consideramos que la calidad de vida parte de la formalización, en primer lugar, debemos reducir los costos de la formalidad, aseveró. “Cuanto más fácil y barata sea la formalización, habrá mayor incentivo a incorporarse al sistema tributario”, aseguró.

Añadió que si no hay programas públicos que impulsen a los emprendedores o microempresas formales, como el acceso a créditos baratos, bancarización, mercados competitivos, cursos de capacitación o facilidades para la comercialización, no habrá ventaja e incentivo para la formalización.

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