Rodolfo Ojeda: “Necesitamos créditos blandos para los que están empezando y a largo plazo para los que quieren seguir creciendo”

(Por MV) Desde una pequeña distribuidora que recorría barrios de madrugada hasta una planta industrial con presencia en las principales cadenas de supermercados, así se construyó Quesos Rody, una empresa familiar que creció a base de trabajo, disciplina y visión comercial. En esta entrevista de perfil, Rodolfo Ojeda, fundador y presidente de la firma, repasó los inicios, los desafíos del rubro lácteo y las decisiones que marcaron el camino de la marca.

InfoNegocios (IN): ¿Cómo empezó su carrera empresarial?

Rodolfo Ojeda (RO): Empecé muy joven. Al principio, como emprendedor, comprando y vendiendo productos de primera necesidad. Vendía de todo un poco: queso Paraguay, yerba, caña; hacía reparto en general.

A finales de 1995, más o menos, una empresa láctea de Paraguay empezó a buscar distribuidores y me anoté. Como ya estaba en el rubro, me aceptaron y comencé como distribuidor en la zona de Ñemby. Me pusieron un objetivo de ventas de G. 16 millones por mes, pero el primer mes ya vendí G. 32 millones. Ahí empezó todo a crecer.

Hacía reparto desde las dos de la mañana. Iba a buscar la mercadería —leche en sachet, yogur, algo de queso— y repartía por zonas. Al poco tiempo ya estaba vendiendo G. 58 millones al mes, algo que era un récord en ese momento, y me dieron más zonas: Capiatá, barrio Santa María. Empecé a comprar camiones a cuota, uno tras otro, y después me asignaron también el Mercado de Abasto. En dos años y medio ya tenía cinco camiones trabajando. Todo fue a puro pulmón, trabajando desde las dos de la madrugada hasta las once de la noche, todos los días.

En el Abasto se dio una situación clave. Vi a un señor que estaba discutiendo con unos brasileños por el precio del queso. Él no quería vender porque no tenía sistema de frío y yo justo había llegado con una camioneta sin frío también. Me dijo que me iba a prestar su cámara, que no había problema, y ahí empezamos a hacer negocios. Empecé a vender mozzarella también.

Al año, más o menos, esa persona me ofreció comprar su fábrica porque quería irse a Brasil. Así, en 1997, compré mi primera fábrica, chiquita, y empecé a producir. La verdad es que no sabía nada de fabricar queso, no sabía si iba a funcionar o no, pero empecé a vender y a producir al mismo tiempo. Después fui creciendo, agrandando la fábrica, montando otras más.

Como no siempre se conseguía leche para producir mozzarella, fui instalando más fábricas, y eso fue todo un desafío. Cuando uno emprende nunca sabe si va a salir bien o mal, pero a mí siempre me gustaron los desafíos. Así empecé mi vida empresarial: con apenas US$ 200. Mientras trabajaba en Casa Roja, en sistemas informáticos, algo totalmente distinto a este rubro, fui emprendiendo de a poco, y así comenzó todo.

(IN): Mirando ahora a la empresa, ¿cómo se encuentra Quesos Rody?

(RO): Hoy Quesos Rody cuenta con una planta industrial ubicada en la ciudad de Iruña, en el departamento de Alto Paraná, y con una distribuidora en Fernando de la Mora, en la zona sur. Desde ahí realizamos la distribución a distintos supermercados y también trabajamos con marcas blancas.

Hacemos convenios con supermercados donde vendemos nuestros quesos tanto con la marca Rody como con la marca del propio supermercado. Es una modalidad muy común hoy en día en el rubro: el mismo producto puede salir con nuestra marca o con la marca del cliente, y es totalmente comercial.

En cuanto a los productos, seguimos trabajando con quesos frescos, pero hoy estamos apuntando fuerte al queso rallado, que es donde vemos un crecimiento muy importante. Actualmente, con el queso rallado estamos presentes prácticamente en todas las cadenas de supermercados: Biggie, Fortis, Luisito, Retail, entre otras. En el interior del país trabajamos principalmente con distribuidores externos, lo que nos permite tener una cobertura más amplia.

(IN): ¿Qué obstáculos encontró para desarrollarse como empresario?

(RO): El primer obstáculo que uno empieza a entender es el miedo. Creo que todos lo tenemos: el miedo a ver si va a salir bien o no. Al comienzo, la lucha más grande es con uno mismo, convencerte de que tenés que meter actitud.

La actitud y la disciplina son lo más importante. Sin disciplina no se llega a ningún lado. Es solamente con disciplina que uno puede ir sorteando todos los obstáculos que se van presentando en el negocio. El camino no es fácil, pero con disciplina se va avanzando, paso a paso.

(IN): ¿Cuál considera que es su mayor éxito como empresario?

(RO): Mi mayor éxito como empresario fue formar Quesos Rody. Empezó muy chiquito y con el tiempo se fue haciendo cada vez más grande. Hoy seguimos siendo una empresa familiar; no somos una empresa grande, porque trabajamos con leche, que es un commodity, y es un mercado muy peleado, muy difícil.

Pero es lo que nos gusta. Apostamos desde el inicio y seguimos apostando al productor. Para mí, como empresario, ese es el mayor logro: haber construido esto, sostenerlo en el tiempo y seguir creciendo dentro de un rubro tan competitivo.

(IN): ¿Qué consejo le hubiera gustado recibir cuando estaba iniciando su carrera empresarial y se lo daría a otro empresario ahora?

(RO): El consejo que hoy daría tiene que ver con el orden de las prioridades. Los emprendedores solemos ser muy atropelladores: nos metemos de lleno en el negocio y ponemos todo ahí. Ese fue también mi caso. Yo pensaba primero en el trabajo, después en la familia y después en Dios, y con el tiempo aprendí que el orden debía ser otro: primero Dios, después la familia y luego el trabajo.

Emprender es duro. Y si no tenés una compañera o un compañero de equipo que te acompañe, te comprenda y te apoye, se hace mucho más difícil. En mi caso, mi esposa fue fundamental. Siempre se dice que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y para mí eso es totalmente cierto. Mi familia me apuntaló mucho en todo este camino y, por sobre todo, Dios, a quien le doy toda la gloria.

(IN): ¿Es el Estado un aliado o un problema para el empresario? ¿Qué le reclamaría?

(RO): Yo creo que el Estado, en el Paraguay en el que vivimos hoy, es más un aliado que un problema. Para mí, Paraguay es un país libre y soberano que te da la oportunidad de emprender. Acá todavía uno puede mirar para cualquier lado y encontrar algo para hacer.

Paraguay es un país con muchísimas oportunidades. Se pueden hacer muchas cosas y eso es una gran ventaja que tenemos. El paraguayo, además, es muy peleador, no se rinde fácilmente.

Si tuviera que hacer un reclamo al gobierno o a los políticos, sería el apoyo al emprendedor y a la industria. Sobre todo, créditos blandos para los que están empezando y créditos a largo plazo para los que ya están en carrera y quieren seguir creciendo. Falta un poco más de acompañamiento financiero con tasas preferenciales, algo que en otros países es más común.

Con más apoyo al emprendedor y a la industria, estoy seguro de que en Paraguay se podría crecer mucho más todavía.

(IN): ¿Qué bondades y defectos tiene el empresario paraguayo?

(RO): El empresario paraguayo tiene una gran virtud: es optimista y peleador. Está acostumbrado a salir a pelearla todos los días, muchas veces contra empresas grandes y, primero todavía, contra su propia gente. Porque al paraguayo muchas veces le cuesta comprar producto nacional; existe todavía esa idea de que “si es paraguayo, no es de buena calidad”. Y eso es una batalla constante que el empresario local tiene que dar.

Aun así, el empresario paraguayo sigue adelante. Es fuerte, resiliente, aprende a moverse en un país que por momentos parece fácil, pero que en realidad no tiene todas las herramientas necesarias para crecer con más fuerza.

Yo creo sinceramente que el paraguayo podría ser uno de los mejores emprendedores del mundo. Tiene garra, tiene actitud y sabe trabajar en la dificultad. Si tuviera las herramientas adecuadas, el acompañamiento correcto y más confianza en lo nuestro, el potencial sería enorme.

(IN): El empresario actual, ¿debe tener alguna formación profesional relacionada con el mundo de los negocios?

(RO): Considero que sí, especialmente los empresarios nuevos. La nueva generación que viene tiene que formarse, incluso formarse afuera, porque hoy el sistema de ser empresario cambió totalmente. Ya no alcanza con saber vender o llenar planillas; hoy se necesita una visión diferente.

El empresario actual tiene que adaptarse a los nuevos desafíos. Si no estás en las redes sociales, prácticamente no existís. Si no leés, si no te informás, si no entendés lo que estás haciendo, tampoco vas a llegar muy lejos. Capacitarse es clave, sobre todo en el rubro en el que uno quiere emprender.

En mi caso, por ejemplo, en la industria alimentaria todos los años aparecen nuevas tecnologías, nuevas tendencias y nuevos procesos. Por eso uno tiene que estar siempre asesorado, ir a eventos, escuchar, aprender y ver cómo desarrollar nuevos productos que sean más rentables y competitivos.

Hay que leer mucho, estar siempre alerta. Porque si te quedás, te quedás de verdad, y eso no es bueno para ningún emprendedor.

(IN): ¿Un libro que todo CEO o gerente general debería leer al menos una vez en su vida?

(RO): Uno de los libros que yo recomendaría sin dudar es Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Es un libro que te enseña cosas básicas pero fundamentales: a ser proactivo, a tener un fin en mente, a establecer prioridades.

También habla de crear sinergias, de buscar alternativas dentro de tu mercado, de mejorar constantemente, de “afilar el cuchillo”. Para mí es un libro muy completo, que te ordena la cabeza y la forma de trabajar.

Y otro libro que siempre recomiendo es Padre Rico, Padre Pobre. A todos los que tienen mente de emprendedor los animo a leer estos libros, porque realmente te abren la cabeza y te ayudan a pensar distinto y, sobre todo, a pensar siempre en positivo.

(IN): ¿Cuál es su recomendación para mantener a su equipo motivado?

(RO): Lo primero es comunicar bien la visión al equipo. Que entiendan que no se trata solamente de llenar una planilla o de vender un producto, sino de analizar y resolver el problema del cliente. Para eso es clave que cada persona tenga un objetivo claro y sepa exactamente qué espera la empresa de ella.

La incertidumbre desmotiva, y eso hay que evitarlo. También es muy importante ejercer un liderazgo empático y cercano: estar presente, acompañar, trabajar codo a codo. El equipo tiene que sentir que el cliente no es un número, sino una persona a la que le estamos dando una solución.

La motivación no pasa solo por ganar plata. Pasa por hacer que el equipo sienta que su trabajo tiene sentido, que está ayudando a alguien, que está aportando valor. Cuando el equipo entiende eso, la motivación se mantiene sola.

(IN): ¿Cómo lidia con el estrés que produce la actividad empresarial?

(RO): La cantidad de estrés —o de cortisol— que uno carga todos los días es enorme. Por eso creo que sí o sí hay que tener un hobby, algo que te saque del ambiente tenso del día a día, por lo menos dos o tres veces por semana.

Tener una empresa no es solo lo lindo. También es lidiar todos los días con problemas reales: con el equipo, con los clientes, con situaciones que van apareciendo constantemente. Por eso también es clave aprender a delegar, confiar en la gente a la que le delegás y permitirte soltar un poco.

El deporte es fundamental. Hacer actividad física, ir al gimnasio, salir a trotar, pescar, jugar básquet… En mi caso, vóley. Juego vóley los fines de semana y algunas veces entre semana, y eso para mí es mi cable a tierra.

(IN): ¿Alguna frase que lo defina?

(RO): La actitud y la disciplina. Sin actitud no empezás y sin disciplina no llegás. Si tuviera que quedarme con una sola palabra, sería esa: disciplina.

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