Menos stock, más datos: cómo las pymes pueden mejorar su cadena de suministro sin grandes inversiones

(Por SR) La transformación de las cadenas de suministro no necesariamente requiere grandes inversiones. La disciplina en los datos, la trazabilidad, el control de inventarios y las herramientas simples pueden ayudar a las pymes a reducir errores, tiempos y capital inmovilizado.

La Industria 4.0 no empieza necesariamente con robots, grandes sistemas informáticos o inversiones millonarias. Para las pequeñas y medianas empresas, el primer paso puede ser mucho más sencillo: ordenar los datos, conocer el inventario, medir los tiempos y tomar decisiones con información actualizada.

Ese fue uno de los principales ejes planteados por Catherine Mineur, gerente de la Cadena Global de Suministros de Foxconn, durante una convocatoria de prensa sobre el impacto de la Industria 4.0 en las cadenas de suministro de las pymes.

Desde su experiencia trabajando con cadenas globales, Mineur sostuvo que las empresas no necesitan copiar la escala de una multinacional, sino su disciplina. “No copies la escala, copia la disciplina”, fue una de las ideas centrales de su exposición.

Inventario, componentes, compras, producción, demanda y trazabilidad son algunos de los puntos que una empresa debería registrar y mantener actualizados. La razón es sencilla: sin visibilidad sobre lo que ocurre de principio a fin, las decisiones se vuelven más lentas y aumenta el margen de error.

Para Mineur, incluso una pregunta sencilla de un cliente puede revelar el nivel de organización de una compañía. Si saber cuándo estará disponible un producto o cuántas unidades pueden entregarse requiere consultar a distintos departamentos durante horas o días, existe un problema de visibilidad.

En cambio, contar con información disponible permite responder con mayor rapidez y, sobre todo, cumplir los compromisos asumidos con el cliente.

La digitalización, en ese sentido, puede comenzar con herramientas accesibles. Un código QR, por ejemplo, puede utilizarse para registrar el ingreso de un componente al almacén, identificar quién lo recibió, cuándo ingresó y en qué cantidad. También permite rastrear el lote y, ante un problema de calidad, identificar otros productos que podrían estar afectados.

Uno de los puntos que Mineur puso sobre la mesa fue el manejo del stock. Tener más inventario no necesariamente significa estar más protegido. Por el contrario, un exceso puede representar capital inmovilizado, ocupar espacio y generar costos adicionales.

“Todo inventario deberíamos pensar que es dinero estancado cuando no se está moviendo”, planteó.

La propuesta pasa por trabajar con un inventario mínimo y viable, ajustado a la capacidad real de respuesta de los proveedores y a las necesidades del negocio. Para eso, resulta fundamental conocer cuánto entra, cuánto sale y qué productos permanecen demasiado tiempo almacenados.

El objetivo es evitar la lógica del “por si acaso” y pasar a una gestión basada en datos históricos, demanda y capacidad de respuesta.

Mineur también remarcó que comprar un software no debería ser el punto de partida. Primero hay que revisar los procesos existentes, depurar los datos y detectar dónde se producen las demoras o los errores.

Una empresa puede comenzar incluso con herramientas que ya tiene, como Excel, planillas digitales o aplicaciones sencillas, siempre que exista una persona responsable de mantener la información correcta y actualizada.

Una vez que los datos están ordenados, recién tiene sentido evaluar qué tecnología puede resolver un problema concreto.

La misma lógica puede aplicarse a los equipos de ingeniería. En lugar de limitar su función al procesamiento de información, la propuesta es involucrarlos en proyectos específicos de mejora, con objetivos medibles y seguimiento de resultados.

Otro indicador señalado durante la exposición fue el cumplimiento de las entregas a tiempo y en la cantidad comprometida. La empresa debería saber qué porcentaje de sus pedidos llega en el momento previsto y con las unidades acordadas.

Para llegar a esa medición, el primer paso es auditar ventas, mermas, inventarios y tiempos de entrega, y centralizar la información disponible.

La planificación de la demanda también juega un papel relevante. Contar con datos históricos permite detectar comportamientos estacionales y anticipar períodos de mayor actividad, en lugar de reaccionar cuando el aumento de pedidos ya se produjo.

En este proceso, la digitalización deja de ser simplemente una herramienta tecnológica y pasa a convertirse en una forma de gestionar el negocio.

El planteamiento final de Mineur apunta justamente a eso: una pyme no necesita parecerse a una multinacional para mejorar su cadena de suministro. Necesita conocer sus datos, medir lo que importa, reducir el inventario innecesario, hacer trazables sus procesos y convertir esa información en respuestas confiables para sus clientes.

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