La emprendedora que convirtió el crochet en su pasaporte a Brasil para estudiar Cine y Audiovisual

(Por NL) Cuando María Ávalos terminó el colegio, tenía claro qué quería estudiar cine. Lo que no tenía tan claro era cómo lograrlo. En Paraguay no encontraba opciones accesibles y las alternativas en el exterior estaban fuera de su alcance económico. Fue entonces cuando un saber heredado de su mamá (el crochet) empezó a convertirse, sin que ella lo supiera, en el hilo conductor de su historia emprendedora.

“Yo estimo que hace 9 o 10 años aproximadamente que estoy dentro del mercado”, cuenta. Al principio, su producción se centraba en gorros, bufandas y accesorios de invierno. “Fue como mi refugio para yo empezar a generar un poquito de ingreso, era muy poquito en esa época”, recuerda en conversación con InfoNegocios. No tenía redes sociales ni un celular adecuado, así que las ventas se daban únicamente por recomendación de amigas, familiares y conocidas.

Mientras investigaba universidades para estudiar cine, María pasaba sus días tejiendo. El tiempo corría y la presión de no estar estudiando se hacía sentir. “Esa presión fue la que me llevó a decir: no, yo voy a hacer este emprendimiento, porque ya empezaba a ver un poquito de frutos de mis tejidos”.

Cuando llegó el calor, entendió que debía adaptarse al mercado paraguayo. “Me puse a pensar qué podía hacer para que me retorne dinero en el verano y ahí empecé con las prendas de verano”, explica. Así aparecieron sus primeros tops y bikinis de crochet, todavía sencillos, con errores de medidas y ajustes constantes, pero con clientas que entendían el proceso artesanal.

Con el tiempo se unió a dos amigas y nació MAP Crochet, un nombre formado por las iniciales de María, Alejandra y Paola. Aunque hoy María es la única al frente, la marca se mantuvo. “Dejé lo mismo MAP Crochet, pero hoy digo que es María Paraguay Crochet”, aclara.

El punto de quiebre llegó en 2015, cuando María fue notificada de que había ganado una beca para estudiar en Brasil. “Gracias a Dios mediante ese emprendimiento pude solventar todos mis gastos para poder estudiar yo en Brasil”, afirma. Durante varios años, su vida fue una rutina intensa: estudiar en Brasil y volver cada verano a Paraguay para producir sin parar.

“Yo venía en diciembre y me quedaba hasta marzo trabajando con el tejido, después volvía a Brasil y ahí era netamente estudio”, relata. Esa dinámica hizo que, casi sin proponérselo, se especializara en prendas veraniegas: bikinis, tops, faldas, pareos y vestidos.

En 2019 logró finalmente lo que había soñado: se recibió como licenciada en cine y audiovisual. Pero para entonces, MAP Crochet ya era mucho más que un ingreso extra sino que era una marca en crecimiento.

Hoy el emprendimiento está formalizado, con registro de marca, facturación propia y una tienda online. Además de trabajar a pedido, María empezó a generar stock. “Me di cuenta de que muchas personas me encuentran sobre la hora de su viaje, entonces empecé a preparar algunas prendas en stock”, explica.

Los precios varían según diseño y materiales. “Los bikinis simples están a partir de G. 135.000 y los tops a partir de G. 75.000”, detalla. Para quienes buscan algo más premium, existen hilos especiales que no absorben agua. “Esos bikinis arrancan a partir de G. 180.000”. Y las piezas completamente personalizadas pueden alcanzar valores mucho más altos: “Un vestido y un pantalón 100% a medida que hice llegó a dos millones y medio”.

Actualmente, María también se prepara para exportar. “Gracias a las redes sociales estoy llegando a muchas personas fuera de Paraguay y eso me está impulsando a ampliar el mercado”, cuenta.

A sus 30 años, Ávalos defiende el valor de lo artesanal. “En un mundo donde todo se produce en masa, lo hecho a mano vuelve a ser valorado”, dice. Y deja un mensaje para quienes sueñan con emprender: “Sí se puede vivir del crochet en Paraguay. Hay un público y un mercado enorme, aunque no tengamos playa”. Porque a veces, un simple hilo puede ser suficiente para tejer un futuro entero.

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