“El arte siempre fue parte de mí. Pintaba todo lo que se me cruzaba. Un día se me ocurrió hacerle un regalo a una persona especial: a partir de una foto realicé una caricatura pintada completamente a mano. Coincidía con la llegada del Día de los Enamorados, así que subí mi trabajo a Facebook. La aceptación y la reacción de la gente fueron increíbles; no esperaba que gustara tanto. Ahí empezó todo, con una inocente foto que compartí en redes sociales”, recordó Majo.
Sus primeros productos fueron almohadas personalizadas con caricaturas pintadas a mano. Lo que parecía una moda pasajera se convirtió en una tendencia duradera y profundamente emocional. “Hoy en día, muchas personas me cuentan que esos regalos fueron lo más especial que recibieron”, comentó.
A medida que la demanda aumentaba, Majo comenzó a diversificar sus creaciones: remeras, cuadros, tazas, termos… “Todo lo que se podía pintar, lo pintaba”, relató entre risas.
Con la llegada de la pandemia, lejos de frenar su actividad, encontró una oportunidad para innovar. Descubrió la resina, un material resistente y versátil que le permitió crear nuevas propuestas.
“Quería seguir innovando y aproveché ese tiempo de silencio para experimentar. Pensé en los celulares, que siempre están en contacto con nosotros, y se me ocurrió hacer protectores pintados a mano. Buscaba un material que protegiera mi pintura de rayones, humedad o calor… y así empezó mi travesía con la resina”, relató Martínez.
La adaptabilidad de la resina a distintas superficies y su resistencia al uso cotidiano despertaron la curiosidad del público, que pronto empezó a preguntarle: “¿Qué es eso? ¿Cómo lo hacés?”.
Así nacieron los primeros talleres de Majo, espacios donde enseña no solo técnicas, sino también la pasión por crear. “Mis primeros talleres fueron en la sala de mi casa. Después llegaron las invitaciones para dar clases en locales y eventos. La gente encontró en el arte una forma de terapia, no solo un emprendimiento”, señaló.
Aunque experimentó con múltiples productos y técnicas, Majo encontró su verdadera conexión artística en las ‘eternizaciones’: piezas de resina que encapsulan recuerdos significativos, como flores de un ramo, objetos de seres queridos que partieron o símbolos culturales como el ñandutí.
“Para mí, más que trabajar con resina, se trata de congelar momentos en el tiempo. Es como contar una historia a través de un objeto que va a durar para siempre”, destacó. Esta práctica le permite conectar profundamente con sus clientes, conocer sus emociones y transformar sus relatos en piezas únicas. “Leo a la persona, escucho su historia y de ahí elijo todo: los tonos, la tipografía, los elementos decorativos. Cada detalle debe reflejar la personalidad y el momento que desean recordar”, añadió.
Majo define su estilo como sencillo, minimalista y lleno de calma. Su foco está en lo esencial: los recuerdos. Además de trabajar en su taller y dar clases, también participa en eventos corporativos, cumpleaños y celebraciones especiales, donde el arte se convierte en una experiencia compartida.
“Cuando una marca me contacta, siento que algo estoy haciendo bien. Hay una oportunidad enorme de integrar el arte en momentos importantes de la vida”, expresó.
Actualmente, dirige una tienda especializada en insumos para resina y velas, buscando que más personas puedan acceder a este tipo de arte. “Quiero expandir lo que hago, no solo de forma local, sino también al mundo. Mi objetivo es aprovechar las plataformas digitales para que el arte paraguayo llegue más lejos”, concluyó.
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