La experiencia no es nueva, pero sí reciente: en 2022, la Gobernación de Central apoyó la instalación de un primer invernadero experimental en Areguá, con el objetivo de diversificar la producción y extender el calendario de comercialización. Sin embargo, las dificultades no tardaron en aparecer. “El invernadero no tenía la infraestructura necesaria. El clima cambió muchísimo y se necesita una estructura más sofisticada, con ventiladores, sensores de temperatura y materiales adecuados”, explicó Gómez en entrevista con InfoNegocios.
La primera experiencia sirvió de aprendizaje. “Los caños de PVC que usábamos no eran aptos para frutilla, eran para lechuga. Tampoco teníamos el sustrato correcto”, recordó. Tras esa etapa, los productores decidieron volver a diseñar el proyecto, esta vez con asesoramiento técnico, variedades mejoradas y una infraestructura que permita competir con estándares internacionales.
Gómez destacó que Paraguay aún está muy rezagado en comparación con países vecinos como Brasil y Argentina, donde ya se cultivan frutillas bajo sistemas hidropónicos de última generación. “Allá ya están innovando con nuevas tecnologías, pero acá al pequeño productor no se le presta atención. Un proyecto de este tipo requiere una inversión importante y muchas veces los comités no cuentan con los recursos para asumirla”, señaló.
El proyecto actualizado plantea la construcción de invernaderos especiales, denominados "naves", diseñados exclusivamente para el cultivo de frutillas. La inversión estimada por unidad ronda los G. 180 a 200 millones, y cada una puede albergar hasta 300.000 plantas, dependiendo de la variedad y la época del año.
“Queremos presentar este proyecto a Itaipú y otras entidades como el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Sabemos que la inversión es grande, pero el impacto también lo sería”, afirmó Gómez. La idea es instalar al menos una nave por cada una de las cuatro zonas productoras más importantes de Areguá como Areguá Centro y Estanzuela, para capacitar a al menos 16 productores (cuatro por zona) y generar información técnica sobre la viabilidad del sistema.
En cuanto a las variedades, el plan contempla la producción de frutillas francesas y Sweet Charlie, especialmente adaptadas al clima tropical paraguayo. Estas frutas, según Gómez, tienen una mayor demanda, un sabor más dulce y son ideales para el cultivo en verano, cuando la frutilla nacional escasea. “Eso evitaría depender de la importación y posicionaría a la frutilla paraguaya como una opción de calidad durante todo el año”, apuntó.
El enfoque del proyecto no solo apunta a lo productivo, sino también a la sostenibilidad y competitividad del pequeño productor. “Lo más importante es que el productor pueda trabajar todo el año, con buena infraestructura, capacitación y acceso a nuevas tecnologías. Si se logra eso, el impacto en la economía local sería enorme”, sostuvo.
Actualmente, la propuesta está en etapa de redacción y búsqueda de aliados estratégicos. Gómez insistió en que no se trata de beneficiar a unos pocos, sino de generar un modelo replicable. “Con una sola nave por zona podemos medir resultados, generar empleo y mostrar que sí se puede innovar desde lo pequeño. Necesitamos voluntad y decisión para transformar el rubro”.
La frutilla hidropónica aún es un proyecto en gestación, pero podría convertirse en una revolución silenciosa en los campos de Areguá.
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