En su campo de 50 hectáreas, una parte importante está destinada a la reforestación con especies nativas, así como al cultivo de frutales y maíz dulce. El resto es ocupado por estructuras de invernadero, clave para poder ofrecer hortalizas todo el año y en condiciones óptimas, incluso aquellas que no se adaptan fácilmente al clima paraguayo.
“En el invernadero se puede plantar de todo, incluso melón o pepino, con excelentes resultados”, aseguró Saturnina, quien trabaja con un equipo de ocho personas en la producción.
Actualmente vende sus productos directamente al consumidor final, tanto en ferias como en supermercados gourmet, evitando la figura del intermediario. Esta modalidad de comercialización le permite tener ingresos constantes y planificar su producción con antelación. “Yo ya tengo asegurado mi mercado. No planto por si acaso vendo; ya sé que voy a vender”, señaló con convicción.
La finca Kimura-Ovelar se especializa en variedades de hortalizas que no son comunes en el mercado paraguayo pero que tienen una demanda creciente, especialmente por parte de clientes extranjeros. Uno de los productos más llamativos es una variedad de tomate dulce, cuya semilla fue traída desde Japón y que hoy forma parte de su oferta estable. También cultiva chauchas dulces, locotes de colores (amarillos, rojos, lilas), nabo, remolacha, acelga, zucchini y zanahorias frescas.
Varios de estos cultivos surgieron a pedido de sus clientes, quienes en algunos casos incluso le proveen las semillas. “Gracias a eso aprendí a plantar nuevas variedades. La gente extranjera quiere encontrar acá lo que consume en su país y nosotros hacemos el esfuerzo por ofrecerlo”, contó. En este proceso fue clave la experiencia compartida con su esposo, de origen japonés, quien también le transmitió conocimientos sobre prácticas agrícolas.
Además de los cultivos, Saturnina destaca la importancia social y económica de su trabajo: pudo criar a sus hijos gracias a la producción agrícola y generar empleos estables en su comunidad. “Esto es trabajo directo, sin intermediarios. Todos los martes llevás la platita a tu casa, y eso te permite hacer algo más. Es una gran ayuda para las familias productoras”, reflexionó.
Con una apuesta firme por la tecnología y el vínculo directo con los consumidores, Saturnina Ovelar de Kimura demuestra que es posible desarrollar una horticultura sustentable, rentable y adaptable a las nuevas demandas del mercado. Desde su finca en Cordillera, impulsa un modelo productivo que conjuga tradición, innovación y compromiso.
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