La estrategia contempla la instalación de Estaciones Meteorológicas Automáticas (EMAs) y pluviómetros en distintos puntos del país, que ya están funcionando en varios Centros de Desarrollo Agropecuario y Agencias Locales de Asistencia Técnica. Esta tecnología permite medir variables como precipitación, temperatura, humedad y velocidad del viento con una precisión que antes era impensable para muchas comunidades rurales.
Uno de los mayores beneficios de este sistema es la posibilidad de tomar decisiones productivas basadas en datos concretos y actualizados. Para un pequeño agricultor, saber con exactitud cuánta lluvia cayó en su zona o cuál es la tendencia climática de la semana puede significar la diferencia entre una cosecha exitosa y una pérdida total. Tal como lo explicó para InfoNegocios el ingeniero Edgar Mayeregger, especialista en gestión de riesgos, la precipitación es un factor crítico en la producción agrícola y disponer de esta información permite anticiparse y actuar de forma más eficiente.
Pero el proyecto va más allá de la instalación de equipos. También se están incorporando sistemas de alerta temprana, software especializado y bases de datos climatológicas que facilitarán el monitoreo continuo y la comparación de eventos climáticos pasados. Todo esto se traducirá en un servicio agrometeorológico más robusto, pensado para atender especialmente a la agricultura familiar campesina e indígena, que representa una parte esencial de la producción de alimentos del país.
Los beneficios potenciales son amplios. Por un lado, los productores podrán optimizar el uso del agua y de insumos agrícolas, reduciendo costos y cuidando el medioambiente. Por otro lado, la información generada podrá servir como base para desarrollar un seguro agrícola accesible y eficiente, capaz de proteger a los agricultores frente a fenómenos como sequías prolongadas o lluvias excesivas. Este sería un paso clave para mejorar la resiliencia del sector ante eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes.
La cobertura del sistema seguirá expandiéndose con nuevas estaciones en departamentos como Itapúa, Misiones, Ñeembucú, Concepción, Amambay y Caaguazú, regiones con fuerte presencia agrícola y condiciones climáticas variadas. Además, se prevé que la información recopilada esté disponible para el público a través de una plataforma web y una aplicación móvil, lo que facilitará el acceso incluso en zonas alejadas.
El fortalecimiento de esta red contribuirá a la seguridad alimentaria, y generará un impacto económico positivo. Una agricultura más informada y planificada puede incrementar los rendimientos, reducir pérdidas y mejorar la competitividad de los productos nacionales tanto en el mercado interno como en la exportación.
Otro aspecto destacable es la participación de universidades y estudiantes voluntarios en el proyecto. Instituciones como la Facultad Politécnica de la Universidad Nacional de Asunción, la Universidad Nacional de Itapúa y la Universidad Católica de Coronel Oviedo están colaborando en la recolección de datos y el desarrollo de herramientas tecnológicas. Esta alianza academia-agro no solo garantiza una implementación más eficiente, sino que también forma a nuevos profesionales con experiencia en gestión climática y producción sostenible.
En un país donde gran parte de la población depende directa o indirectamente de la agricultura, la incorporación de tecnología en el manejo del clima no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Sistemas como las EMAs y las plataformas de monitoreo no solo aportan datos: aportan seguridad, previsión y, sobre todo, oportunidades para que las familias rurales puedan producir con mayor certeza y estabilidad.
El futuro del agro paraguayo dependerá en gran medida de su capacidad para adaptarse a las condiciones cambiantes del clima. En ese camino, la tecnología climática no es simplemente una herramienta complementaria: es un pilar sobre el que se construye la resiliencia y la sostenibilidad de todo el sistema productivo.
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