Empresas que escuchan, equipos que rinden: el impacto de la salud mental en el trabajo

Desde tiempos inmemorables las personas dedican la mayor parte de su día al trabajo, y en medio de objetivos, reuniones, entregas y tensiones, hay una dimensión de la que se hablaba poco anteriormente: la salud mental. ¿Es realmente importante hablar de bienestar emocional en las empresas o todavía es un tema tabú?

Para las psicólogas Patricia Recalde y Patricia Balbuena, del centro Psique, no hay dudas, pues el bienestar psicológico en el ámbito laboral no es un lujo, es una necesidad actualmente. “Es casi determinante hablar de salud mental en el entorno laboral porque tiene un impacto directo en la rentabilidad empresarial, en el bienestar del colaborador y en su productividad”, señalaron.

Durante años, hablar de salud emocional en el trabajo fue tabú, pero como afirman las profesionales, ese paradigma comenzó a cambiar drásticamente a partir de la pandemia. “Fue como un antes y un después. La pandemia visibilizó una realidad que estaba negada. Nos dimos cuenta de cuán necesario había sido atender la salud mental y emocional en el entorno laboral”.

Hoy, son muchas las empresas que han comenzado a integrar psicólogos o implementar estrategias de contención emocional, pero también existen organizaciones que todavía se mantienen en el pasado, sin dar espacio al bienestar de sus colaboradores y eso sin dudas trae consigo consecuencias negativas.

Según las especialistas, los indicadores de alerta suelen aparecer cuando ya hay un daño instalado: “Las personas están más irritables, hay mucho problema de relaciones interpersonales, mucho absentismo. Pero esas ya son consecuencias. Por eso nosotras preferimos trabajar en la prevención”.

¿Y cómo se previene el deterioro de la salud mental en una empresa? Lo esencial está en las políticas internas, aseguran. Trabajan codo a codo con los departamentos de Recursos Humanos, implementando talleres, fortaleciendo habilidades blandas, promoviendo la inteligencia emocional, la escucha activa, la comunicación efectiva, y, sobre todo, generando espacios de confianza.

Una de las herramientas más valiosas que proponen es la evaluación de los llamados riesgos psicosociales. “Es como una radiografía más profunda que permite ver en qué medida las condiciones del trabajo podrían perjudicar la salud de los colaboradores. Por ejemplo, los cambios mal gestionados, la falta de comunicación clara, o las responsabilidades poco definidas pueden generar mucho malestar”.

El impacto no solo se mide en el estado emocional del personal, sino también en el funcionamiento general de la empresa. “Cuando un colaborador está bien, se siente productivo, se concentra mejor, se automotiva incluso en contextos difíciles”.

Pero además del factor humano, también hay un argumento económico difícil de ignorar. Las psicólogas señalan un dato respaldado por la Organización Mundial de la Salud: “Por cada dólar que se invierte en mejorar la salud mental en el trabajo, hay un retorno de cuatro dólares en productividad”.

Con esa cifra como respaldo y con testimonios reales en mano, la salud mental en el trabajo deja de ser una moda pasajera para convertirse en una inversión estratégica en todo el sentido de la palabra, pero hay algo más importante aún que es el reflejo de un acto de humanidad.  

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