Según los especialistas consultados por InfoNegocios, el desafío principal no está en el clima, sino en la falta de planificación, inversión e infraestructura resiliente que permita mitigar los efectos de estos fenómenos.
América Latina registró pérdidas económicas asociadas a catástrofes naturales superiores a los US$ 6.670 millones durante el primer semestre de 2025, según el medio internacional Bloomberg Línea. Paraguay ocupa el segundo lugar como país más afectado, con pérdidas valuadas en US$ 690 millones ocasionadas por la sequía.
Oscar Vargas, economista, explicó que, aunque el agro es el sector más afectado, las tormentas, las inundaciones y las sequías tienen efectos directos sobre otros rubros, como el comercio, las pymes, la infraestructura y los servicios. Los caminos deteriorados, las rutas bloqueadas y la suspensión de actividades generan costos adicionales que se acumulan con cada evento.
“Los caminos que no son de todo tiempo se inundan, las rutas que no tienen una cota elevada llevan el agua del raudal y eso genera los famosos cráteres. Cada vez hay más lluvias fuertes y el MOPC tiene que hacer un esfuerzo enorme para arreglar esos caminos afectados”, explicó.
Esto también impacta en trabajadores independientes y pequeños negocios. “Una persona que vive en el día a día de esto, que va a salir a vender sus productos, no lo puede hacer. Y si es un vendedor independiente, tiene cero ingresos en esos días. Las pymes sufren más porque muchas veces ellas mismas tienen que encargarse de la distribución”, afirmó.
Para Fernando Maidana, director de Planificación Territorial y Transporte del Departamento Central, los eventos naturales no son el problema en sí mismo: sino no tener planes de mitigación o de adaptación de estos riesgos.
Pese a conocerse la realidad climática del país, no existen planes urbanos sólidos ni inversiones significativas en desagües pluviales y cloacales. A excepción de Asunción, donde hay una red mínima, la mayoría de los municipios del área metropolitana y del interior carecen de infraestructura básica para drenar el agua.
El urbanista también destacó que la falta de planificación se combina con el crecimiento desordenado de las ciudades, aumentando la impermeabilización del suelo y reduciendo la capacidad natural de absorción del agua. “Hay veces que la gente ve el asfalto como progreso, pero no piensa en las consecuencias secundarias. Cada vez tenemos más superficie impermeable, y eso significa que el agua no tiene dónde drenarse”, advirtió.
Si bien Paraguay ha avanzado en normativas, políticas de adaptación y cooperación internacional, los desafíos en la ejecución son enormes. Vargas resaltó que se requiere mayor preparación en terreno, capacitación de equipos, financiamiento y planificación estratégica ya que los riesgos pueden gestionados a través de preparación, capacitación de personas, y fortaleciendo la coordinación institucional.
La falta de infraestructura resiliente compromete la competitividad de Paraguay. No basta con tener impuestos bajos o calificaciones internacionales favorables si las ciudades siguen paralizándose con cada tormenta. “¿De qué nos sirve tener tantos edificios lujosos si cada vez que llueve fuerte se inunda todo? Eso espanta inversiones”, señaló Maidana.
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