Aunque la idea de iniciar un negocio propio había rondado en su mente durante años, el temor al fracaso y las dudas sobre la viabilidad de su idea la habían frenado. “Mi emprendimiento surgió justo en la pandemia, por necesidades personales. Tenía una hija pequeña y no podía trabajar fuera de casa”, afirmó Florencia. Sin embargo, fue la situación de la pandemia la que le dio el impulso necesario para iniciar.
Con una inversión inicial de apenas G. 500.000, comenzó a dar forma a su negocio. Al principio, sus productos eran pequeños adornos para suculentas, como bichitos y figuras decorativas. Con el paso del tiempo y la aceptación del mercado, su oferta se amplió hasta incluir centros de mesa, toppers para bodas y una variedad de artículos personalizados.
El proceso de producción sigue siendo completamente artesanal y aunque cuenta con la ayuda de su pareja en algunos detalles, como el forrado de cajas y la creación de tarjeterías, el trabajo es totalmente realizado por Florencia. Todos los pedidos son personalizados, lo que le permite ofrecer productos únicos que se ajustan a las necesidades y gustos de cada cliente.
Mientras que el año pasado, las ventas comenzaron a decaer en los primeros meses, este 2025 está siendo testigo de cómo su negocio sigue creciendo. “En enero, por ejemplo, yo había mermado completamente y este año no paré, hasta ahora”, relató. Con el objetivo de seguir expandiendo su emprendimiento, Florencia tiene planes de incorporar más personal y lanzar nuevos productos.
Los pedidos de Flor, arte en porcelana fría ya no se limitan a la ciudad de Caacupé, sino que han alcanzado todo el país, incluyendo el Chaco gracias a las transportadoras y las redes sociales, que le permiten el envío y la conexión con los clientes.
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