¿Cuál fue el primer desafío que encontró al convertirse en CEO?
Entender que ser CEO no es ser la mejor en lo técnico, sino la responsable de que todo funcione cuando una no está. Vengo de un perfil muy ejecutor, acostumbrada a resolver yo misma. El verdadero salto fue dejar de hacer y empezar a construir sistemas, procesos y equipos capaces de sostener la operación sin depender del fundador. En Paraguay, muchas empresas se quedan atadas a una persona y por eso no escalan. Mi primer desafío como CEO fue construir empresas que pudieran seguir funcionando sin mí.
¿Qué es fundamental para liderar un equipo?
Claridad y coherencia. Claridad para que cada persona sepa exactamente qué se espera, con qué estándar y en qué plazo. Coherencia entre lo que se dice y lo que se hace: ningún equipo respeta a un líder que pide algo que no se exige primero a sí mismo.
En medicina de precisión y procedimientos urológicos no hay margen para la ambigüedad: un protocolo mal aplicado tiene consecuencias reales sobre un paciente. Esa exigencia técnica termina formando una cultura: acá las cosas se hacen bien o no se hacen.
¿Qué es lo primordial para mantener a un equipo motivado?
Reconocer y desarrollar. La motivación sostenida no se compra con discursos ni con beneficios sueltos: se construye cuando la persona siente que está creciendo y que su trabajo importa.
Nuestro equipo está formado por bioquímicas, médicos, técnicos y personal administrativo con perfiles muy distintos, y cada uno se motiva de manera diferente. El líder tiene que conocer a su gente lo suficiente para saber qué los mueve.
Lo que nunca falla: objetivos claros, autonomía real y reconocimiento público de los logros.
¿Cuál es la filosofía de trabajo que le gustaría transmitir?
Que pensar y ejecutar son la misma cosa. Hay una cultura empresarial muy instalada donde se separa al estratégico del que ejecuta, como si fueran categorías distintas. En mis empresas eso no existe: todos pensamos y todos hacemos.
La estrategia que no se ejecuta no es estrategia, es deseo. Y la ejecución sin pensamiento es desgaste. Quien aprende a unir las dos cosas se vuelve imparable. Eso es lo que quiero transmitirle a mi equipo, a mis hijos y a la próxima generación de empresarios paraguayos.
¿Cuál debe ser el enfoque en una estrategia comercial y qué se debe evitar?
El enfoque tiene que estar en resolver un problema real. Cuando fundé Biogen Paraguay, la pregunta no fue “¿qué laboratorio puedo abrir?”, sino “¿por qué un paciente paraguayo no puede acceder al diagnóstico genético que define su tratamiento?”.
Hoy, en Biogen, damos resultados genéticos en tiempo récord, con trazabilidad completa de la muestra, a precios acordes a nuestro mercado y con interpretación clínica clara. La genética dejó de ser inaccesible en Paraguay: es entendible, es rápida y está al alcance de quien la necesita.
Lo que hay que evitar es lo opuesto: improvisar, copiar al competidor y descuidar la postventa. La fidelidad del paciente y del médico se construye después de que llegó el resultado, no antes.
¿Qué momento de su vida marcó un aprendizaje importante en su carrera?
El aprendizaje más fuerte vino del contacto directo con la realidad sanitaria del país. En Paraguay, durante años, los pacientes se trataron sin saber qué tenían realmente: la medicina de precisión vino a cambiar eso.
Esa toma de conciencia fue lo que me convirtió de profesional en empresaria. Entendí que no alcanzaba con saber que la tecnología existía en el mundo: había que traerla, hacerla accesible y hacerla entendible.
La ventaja competitiva más subestimada no es la inteligencia ni el capital, sino la velocidad para convertir una observación en acción.
¿Cuál considera que es su mayor fortaleza y debilidad?
Mi mayor fortaleza es ejecutar lo que otros todavía están analizando. Pero detrás de esa capacidad hay algo que no se ve: una familia que es mi base. Liderar dos empresas en sectores tan exigentes solo es posible cuando tenés un sostén emocional sólido.
Mi familia no es lo que me distrae del trabajo, es lo que me permite trabajar como lo hago.
Mi debilidad es la otra cara de la misma moneda: a veces avanzo más rápido de lo que mi equipo o mis sistemas pueden sostener. Estoy aprendiendo a frenar para que la estructura alcance al impulso.
¿Con qué tecnología se lleva mejor y cuál le da pelea?
Me llevo muy bien con todo lo que automatiza decisiones repetitivas: dashboards, sistemas de gestión y herramientas de análisis genómico. Ahí siento que recupero tiempo y gano control.
Lo que más me cuesta es la tecnología que promete mucho y entrega poco: hay un mercado enorme de software empresarial que se vende como solución y termina siendo otro problema más para administrar. Aprendí a desconfiar de las herramientas que necesitan un consultor para funcionar.
Un libro o podcast que todo ejecutivo debería leer o escuchar
The Hard Thing About Hard Things, de Ben Horowitz. No es un libro motivacional, es un libro honesto sobre lo que realmente significa dirigir una empresa cuando las cosas se complican.
La mayoría de los libros de management hablan del éxito; este habla de las decisiones difíciles, las que se toman sin información completa y bajo presión. Para cualquier fundador, es más útil que cien charlas TED.
¿Cómo describiría la situación actual de su rubro?
Paraguay está viviendo una transición silenciosa, pero profunda, en salud privada. Hace pocos años, un estudio genómico avanzado o un procedimiento urológico de alta complejidad significaba viajar a Argentina, Brasil o Estados Unidos, esperar semanas y pagar precios que dejaban a la mayoría afuera.
Hoy esos servicios se hacen acá, con tecnología internacional, profesionales locales formados al más alto nivel y a precios accesibles para nuestro mercado.
Somos una empresa con propósito: traer al Paraguay la mejor tecnología en medicina. El sector está dejando de ser un mercado de derivación para convertirse en un mercado de destino. Esto recién empieza.
¿Cómo se relaciona con la IA y cómo cree que impactará en su rubro?
La uso todos los días. La IA en medicina de precisión no es futuro, es presente: la interpretación de variantes genéticas, el análisis de imágenes urológicas y los sistemas de apoyo a la decisión clínica ya operan con IA en los principales centros del mundo, y nosotros la estamos integrando a nuestra operación.
El impacto va a ser brutal: no va a reemplazar al médico ni al bioquímico, pero va a desplazar a los profesionales que se nieguen a usarla.
La pregunta ya no es si la IA va a entrar a la salud, sino quién va a quedar afuera por no haberse subido a tiempo.
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