Problemas relacionados con la obesidad cuestan US$ 2 billones anuales

El 16 de octubre se recuerda el Día Mundial de la Alimentación, acontecimiento que busca generar conciencia respecto al problema alimentario a nivel mundial así como la lucha contra el hambre. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), actualmente más de 820 millones de personas padecen hambre en el mundo.

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Según el informe desarrollado por la FAO, “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2019”, tras décadas de descenso constante, la tendencia del hambre en el planeta  (teniendo en cuenta la prevalencia de la subalimentación) se revirtió en 2015, permaneciendo prácticamente sin cambios en los últimos tres años, situándose a poco menos del 11%, sin embargo, el número de personas que padecen hambre se ha incrementado lentamente y en consecuencia, más de 820 millones de personas en el mundo seguían padeciendo hambre en 2018.

La región más afectada por la problemática es África, con la prevalencia de la subalimentación más alta situada en casi el 20%, mientras tanto en América Latina y el Caribe, aunque la permanencia aún se sitúa por debajo del 7%, el hambre está aumentando lentamente. Asia Occidental por su parte, presenta un incremento continuo desde el 2010 y actualmente más del 12% de su población presenta insuficiencia alimentaria.

De acuerdo a la investigación, considerando todas las personas que se encuentran afectadas en el mundo por la inseguridad alimentaria y las que padecen hambre, se estima que más de 2.000 millones carecen de acceso a alimentos inocuos, nutritivos y suficientes, lo que incluye al 8% de la población de América septentrional y Europa.

Por otra parte, conforme al Folleto del Día Mundial de la Alimentación de 2019, también de la FAO, la malnutrición afecta a 1 de cada 3 personas y puede expresarse en forma de carencia de vitaminas y minerales, retraso del crecimiento, emaciación, sobrepeso y obesidad. Señala, además, que una dieta poco saludable es el principal factor de riesgo de muerte a causa de enfermedades no transmisibles, entre ellas las cardiopatías, la diabetes y ciertos tipos de cáncer. Según la publicación, los trastornos de salud relacionados con la obesidad están costando a los presupuestos sanitarios nacionales hasta US$ 2 billones anuales. 

La mala alimentación existente se debe principalmente a la globalización, la urbanización y el aumento de los ingresos. El folleto explica que la humanidad pasó de platos sanos elaborados principalmente a base de plantas, a dietas hipercalóricas que tienen un alto contenido de almidones refinados, azúcar, grasas, sal, alimentos elaborados y que normalmente están marcados por el consumo excesivo de carne, de modo que las personas dedican menos tiempo a la preparación de comidas en el hogar y consumen alimentos adquiridos en supermercados o locales de comida rápida. 

Los individuos más afectados por esta situación cuentan con recursos financieros limitados, incluyendo a los pequeños productores agrícolas y las familias en situaciones de crisis ocasionadas por conflictos, desastres naturales y los efectos del cambio climático.

Según la FAO, los países disponen de muchas maneras de ayudar para reducir el hambre, mejorar la nutrición y transformar los sistemas alimentarios abordando las causas fundamentales de la malnutrición en todas sus formas. Entre ellas, algunas de las más importantes son: aumentar la disponibilidad y la asequibilidad de alimentos diversos al igual que nutritivos para una alimentación sana al establecer, hacer cumplir y actualizar periódicamente las directrices dietéticas nacionales y las normas nutricionales.

Diseñar e implementar políticas y programas favorables a la nutrición de acuerdo con las directrices nacionales, así como fortalecer los marcos legales y las capacidades estratégicas para apoyar esto. Trabajar en todos los sectores para mejorar las políticas alimentarias y agrícolas, incluidas aquellas que apoyan los programas escolares de alimentación, la asistencia alimentaria para familias e individuos vulnerables, las normas de compra institucional de alimentos y la normativa sobre comercialización, etiquetado y publicidad de los alimentos.

Por último, permitir que los consumidores tengan opciones alimenticias más saludables a través de los medios de comunicación de masas, campañas de sensibilización pública, programas de educación nutricional, intervenciones comunitarias y etiquetado nutricional.

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