Fátima Agüero: “Un buen empresario debe saber explotar sus talentos y contratar a gente capaz y especializada”

Directora médica de Dermalaser, centro dermatológico y estético, Fátima Agüero afirma que en su empresa optan por un enfoque más humanista a la hora de proveer sus servicios, ya que siempre el protagonista principal es el paciente. Asegura que el tiempo que lleva negociar con el paciente y conocerlo es necesario para el éxito

¿Cómo empezó su carrera empresarial?

Realmente sin querer, hace más de 10 años, cuando de estar trabajando en un consultorio tradicional, y al no dar abasto, decidí aventurarme y transformarlo en un centro dermatológico y estético que abarque y brinde atención más especializada y, a la vez, integral. Para eso debía cambiar completamente la estructura y el modo de trabajo al que estaba acostumbrada, y de a poco lo fui haciendo, tratando de responder día a día a las expectativas de mis pacientes y mirando siempre las mejores prácticas de otros países para incorporar cada vez más opciones y servicios.

¿Qué obstáculos encontró para desarrollarse como empresaria? 

Sobre todo, y principalmente, la falta de formación del médico desde el punto de vista administrativo empresarial. Eso es algo que siempre conversamos con colegas y con Óscar (mi marido, que sin su apoyo Dermalaser sería imposible), que nuestra profesión exige, en cierto momento, mucha necesidad de conocimiento administrativo. Terminamos nuestra formación médica de manera correcta pero completamente ignorantes en el aspecto administrativo.

Además, creo que un buen empresario debe saber explotar sus talentos y contratar a gente capaz y especializada en las áreas que no le son habituales, de manera a generar valor agregado para sus clientes o pacientes, que es lo que ellos ven y esperan. Por tanto, lo mejor es que cada uno se dedique a lo que sabe y a contratar buenos colaboradores en las otras áreas.

¿Cuál considera que es su mayor éxito como empresaria?

Primero, no me considero empresaria. Sin querer me toca serlo y creo que el éxito de Dermalaser radica en que justamente nunca la encaré como una empresa con finalidad lucrativa, sino con el enfoque más humanista de proveer los servicios que brindamos teniendo como protagonista principal al paciente, lo que él busca y la posibilidad de ofrecerle siempre lo más efectivo, seguro y actualizado a nivel mundial.

A eso nos adaptamos empresarialmente, para que todo sea viable desde el punto de vista funcional o económico. Con ese enfoque logramos construir uno de los centros más completos en cuanto a tecnología y servicios dermatológicos a nivel regional, con una rentabilidad sustentable que nos permite estar pensando siempre en lo más nuevo para nuestros pacientes, y así evolucionar a la velocidad que hoy exige el mundo y, sobre todo, la tecnología.

¿Qué consejo le hubiera gustado recibir cuando estaba iniciando su carrera empresarial y se lo daría a otro empresario ahora?

Me sentiría muy caradura aconsejando a gente del rubro, pero en mi humilde experiencia, creo que trabajar en el capital humano es fundamental: seleccionar bien y capacitar constantemente, y que el priorizar y escuchar al cliente -en mi caso, paciente- es fundamental.

Como médicos a veces podemos pecar de tratar de llevar al paciente hacia donde creemos que es mejor para él, lo cual en algunos casos es lo imperativo, pero en estética nada es absoluto, es fundamental saber qué quiere, qué busca, qué le gusta y también qué le conviene a cada persona que atendemos. Ese tiempo de negociación y conocimiento es necesario para el éxito.

¿Es el Estado un aliado o un problema para el empresario? ¿Qué le reclamaría?

Quizás mayor control de la competencia desleal; en mi caso, personas no médicas o médicos del extranjero sin registro ni permiso laboral que vienen al país y fácilmente realizan procedimientos sin inconvenientes en cualquier centro no habilitado. Para nosotros es el equivalente al contrabando en otros rubros. En otros países esto significa cárcel inmediata.

Además se utilizan productos sin registro o falsificados. Creo que no es falta de ganas de controlar por parte del Estado, sino de capacidad de hacerlo. El MSP está sobrepasado con otros problemas, pero hoy la tecnología puede facilitar estos controles si el Estado se moderniza.

¿Qué bondades y defectos tiene el empresario paraguayo?

Una virtud nuestra es la capacidad de adaptación, podemos hacer magia con nuestro ingenio, y estamos acostumbrados a sobrevivir a adversidades de todo tipo.

Quizás un defecto acuñado es el así nomás, y desde el punto de vista profesional no puede haber lugar para esa conducta en ningún estrato.

Somos capaces, lo demuestra el éxito de muchos paraguayos en el exterior, pero tal vez la poca expectativa de calidad de nuestro mercado, que se traduce en el así nomás, hace que no se auto exijan en el país y sí cuando se ponen a competir en mercados más exigentes.

El empresario actual ¿debe tener alguna formación profesional relacionada con el mundo de los negocios?

Todos deberíamos tenerla. Nuestras casas ya son nuestras primeras empresas. Todo proyecto que uno tenga en la vida tiene una pata numérica, que hoy -por suerte- ya se enseña desde el colegio, a diferencia de los planes educativos de años anteriores donde esas capacidades recién se obtenían en la universidad.

¿Cuál es su recomendación para mantener a su equipo motivado?

Para ser considerados los mejores, debemos ser los mejores: actualización, capacitación y reevaluación constante, valorar y aplaudir lo positivo para tener energías para ir corrigiendo lo negativo.

Estar cerca de ellos y empatizar con cada uno en el día a día ayuda también a generar un vínculo más fuerte con la empresa; y les da confianza, además de motivación.

¿Cómo lidia con el estrés que produce la actividad empresarial?

Dándome algunos tiempos establecidos para respirar en familia. Es el mejor soporte y el mejor antídoto.

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