“Quería aplicar más todo lo que es el trabajo artesanal. Actualmente trabajo con más de 20 artesanos, comunidades indígenas de diferentes puntos del país, y es como que con los bolsos, con las carteras puedo utilizar mucho más o darle mayor visibilidad a lo que son las artesanías”, detalló Marti.
La base de sus productos sigue siendo el cuero, pero cada diseño se distingue por la integración de elementos como fibras naturales, tejidos y técnicas ancestrales como el ñandutí, el repujado en cuero o el uso de materiales como el karanda’y, el caraguatá y el ñandutí. Esta combinación convierte a cada bolso en una pieza única. “Es más que un bolso, es una obra de arte”, añadió.
Uno de los principales desafíos que enfrentó a lo largo de su carrera fue construir una identidad propia dentro del diseño paraguayo. En ese proceso, la artesanía se convirtió en el eje central de su propuesta, como recurso estético y como un mensaje de valor cultural. “Busco que la gente se lleve algo de Paraguay”, explicó.
Aunque el reconocimiento local fue creciendo con el tiempo, Marti señaló que la valoración de lo artesanal sigue siendo mayor en el exterior. Actualmente, exporta sus productos a México, un mercado que, pese a contar con una fuerte tradición artesanal, mostró gran interés. “Cuando me fui a México dije: no, acá no va a pasar nada porque ellos tienen muchísima artesanía. Y no, prendió súper bien, y lo que más le gusta a la gente de México es el ñandutí”, resaltó.
“Desde que empecé con todo esto, mi objetivo era poder lograr la revalorización de la artesanía, tanto a nivel local, nacional e internacional. Yo creo que en todo este tiempo que pasó logramos muchísimo; desde los inicios hasta ahora hay muchísima aceptación, la gente valora, la entiende y eso da satisfacción”, destacó Maura. Este cambio se refleja en espacios como la Feria ORE, organizada por el Instituto Paraguayo de Artesanía (IPA), que en sus últimas ediciones logró una alta convocatoria.
Maura Marti no trabaja bajo el concepto tradicional de colecciones. Su producción es atemporal y se organiza en cápsulas limitadas, determinadas principalmente por la disponibilidad de los materiales y las condiciones naturales. “Trabajo con técnicas y materiales que dependen del clima, de la recolección, entonces no siempre se puede repetir una pieza igual”, dijo.
Este factor hace que cada producto sea irrepetible. Por ejemplo, algunas fibras naturales varían según la estación, lo que modifica colores y texturas. Lo mismo ocurre con técnicas como el ñandutí o el repujado, donde cada pieza refleja la impronta del artesano. “No es como una máquina, cada trazado es distinto”, agregó.
El proceso de producción también responde a esta lógica colaborativa. Los artesanos trabajan desde sus comunidades y luego las piezas son ensambladas en el taller de la marca. El tiempo de elaboración depende de la técnica utilizada, pero en promedio, la parte artesanal puede llevar entre 8 y 15 días.
Uno de los aspectos que la diseñadora destacó especialmente es la libertad creativa que otorga a los artesanos. En lugar de imponer diseños rígidos, promueve que cada uno exprese su identidad en las piezas. “No les digo dónde poner una casita o un árbol, ellos crean. Eso es lo más lindo”, dijo. Un ejemplo de ello son los trabajos realizados con retazos de tela que forman paisajes, convirtiendo cada cartera en una pieza irrepetible.
En paralelo al crecimiento de la marca, Marti también expandió su presencia comercial. En Paraguay, sus productos pueden encontrarse en puntos de venta como OverAll - Shopping del Sol, Farfalle, Ao, La Mantis y Dilara.
A nivel internacional, participó en el Costa Rica Fashion Week, marcando un hito reciente. Durante siete días, formó parte de un programa que incluyó paneles, espacios de venta y un desfile. “Fue una experiencia súper emotiva”, recordó. La presentación contó con el apoyo del Instituto Paraguayo de Artesanía y el acompañamiento del embajador paraguayo en Costa Rica, Julio Duarte.
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