“Esta idea nació recién este año, para San Valentín. Yo quería regalar algo especial, algo personal, y pensé: ‘¿Por qué no un vino?’. Me parecía un regalo lindo, útil y que además se puede compartir. Prácticamente lancé el producto con una sola muestra. No tenía stock ni una gran estructura, pero a la gente le gustó muchísimo y empezaron los pedidos”, comentó.
Actualmente, Ilustra dejó en segundo plano los cuadros personalizados para concentrarse exclusivamente en la línea de vinos ilustrados, un segmento que tuvo una fuerte aceptación en fechas especiales como San Valentín y ahora el Día de la Madre.
La propuesta se diferencia de otras opciones de personalización porque no se trata simplemente de imprimir una fotografía sobre una botella. Cada diseño pasa primero por un proceso de ilustración digital que busca captar la esencia de las personas retratadas.
“Hoy cualquiera puede imprimir una foto y pegarla en una botella, pero yo me tomo el tiempo de convertir esa imagen en una ilustración. La idea es que el vino se transforme en una pieza de arte”, explicó Micaela.
El proceso incluye una personalización total de la etiqueta frontal y posterior. Los clientes pueden agregar frases, dedicatorias y mensajes especiales, mientras que la emprendedora adapta cada diseño según la ocasión. La flexibilidad del producto hizo que los pedidos comenzaran a expandirse más allá de los regalos románticos. Actualmente, Ilustra recibe solicitudes para cumpleaños, aniversarios, regalos familiares e incluso anuncios de embarazo.
“Hace poco nos pidieron una botella para anunciar que una pareja iba a tener un hijo. Es muy emocionante que nos tengan en cuenta para momentos tan importantes. Hay personas que me dicen que les da pena abrir el vino porque quieren guardar la botella tal como está”, señaló.
Además del diseño artístico, otro aspecto que fue evolucionando dentro del emprendimiento es la presentación del producto. Inicialmente, los vinos se entregaban en bolsas tradicionales, pero hoy cuentan con una propuesta de packaging más elaborada.
Cada botella se envuelve en tela de lienzo, se ata con cintas de raso y se acompaña con tarjetas personalizadas que también pueden incluir mensajes o branding empresarial.
Esa evolución permitió que el emprendimiento comenzara a captar clientes corporativos, especialmente del sector inmobiliario. “Muchas empresas ya no quieren regalar solamente algo con el logo. Buscan obsequios que realmente tengan identidad y generen una conexión emocional”, explicó.
Actualmente, las inmobiliarias son algunos de los sectores que más solicitan estos productos, principalmente para entregarlos como obsequios de bienvenida a clientes que adquieren viviendas. Micaela trabaja prácticamente sola en la elaboración de las ilustraciones, mientras que su pareja la ayuda en tareas de impresión, armado y colocación de etiquetas.
“Al ser un producto completamente personalizado necesitamos tiempo de producción. Para el Día de la Madre incluso tuvimos que cerrar pedidos porque ya no dábamos abasto”, dijo.
La marca maneja actualmente un catálogo reducido de tres vinos —dos blancos y un tinto— seleccionados dentro de un rango de precio similar para mantener estabilidad en los costos. Cada botella personalizada tiene un precio base de G. 150.000 e incluye ilustración, etiqueta, packaging y tarjeta personalizada. Para empresas, los costos disminuyen según el volumen. A partir de seis unidades, el precio baja a G. 120.000 por botella.
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