Guaraní digital: ¿En qué consiste la propuesta del BCP y cómo podría beneficiar al sistema financiero?

La tecnología está irrumpiendo en todos los rubros y probablemente sea el sistema financiero el que últimamente vive mayores cambios que requieren un abordaje integral. La digitalización del guaraní, por dar un ejemplo, es un planteamiento que parece algo lejano, pero el Estado y el sector privado están allanando el campo para que la moneda pegue el salto tecnológico.

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Para analizar la viabilidad económica y jurídica de las monedas digitales emitidas por bancos centrales (conocidas también como CBDC), el Banco Central del Paraguay (BCP) suma dos conferencias para escuchar opiniones desde diferentes disciplinas que tienen peso en las políticas económicas. "Hay que responder a las nuevas necesidades de las familias y empresas, pero sin perder el foco de garantizar la estabilidad bancaria y monetaria, la protección de datos de los usuarios y la interoperabilidad", subrayó el presidente del BCP, José Cantero, en el segundo evento realizado ayer para analizar los entretelones que conlleva la posibilidad de digitalizar la moneda oficial.

El jefe de la división de modelos estructurales y estudios económicos del BCP, Guillermo Ortiz, indicó que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), existe una tendencia mundial hacia la caída del uso de efectivo en proporción a otros medios de pago. "Ellos toman como medida la cantidad de transacciones realizadas en cajeros automáticos, en medios de pagos digitales, dinero electrónico, tarjetas, etc. Nosotros observamos que en Paraguay eso también ocurre", explicó.

De acuerdo a una publicación del FMI, los países que cuentan proyectos avanzados de divisas digitales de bancos centrales son: Bahamas (ya emitió un CBDC); China, Uruguay y el Banco Central del Caribe Oriental (probando un plan piloto de CBDC); Suecia (el gobierno analiza su adopción); Canadá (el gobierno ejecutó un proyecto y decidió no llevarlo a cabo). No obstante, alrededor de 100 países analizan la posibilidad de la creación de estas divisas.

Ortiz señaló que entre el 2020 y 2021 la caída del uso del dinero respondió a la necesidad de hacer pagos sin contacto por la pandemia. No obstante, aclaró que en relación a otros países seguimos dándole mucha circulación al efectivo.

"Existe todavía una elevada potencialidad de profundización financiera en Paraguay. En la última encuesta de inclusión (financiera), el 48% respondió que no utiliza ningún tipo de servicio financiero", puso en contexto el funcionario. Añadió que en ese mismo informe, el 14% de los encuestados ni siquiera oyó alguna vez sobre servicios financieros disponibles para adoptar.

Ortiz se encargó de realizar el primer análisis exhaustivo de moneda digital dentro del contexto local. El estudio pone énfasis en elementos macroeconómicos de las CBDC, específicamente en la estabilidad económica y en las implicancias para la política monetaria.

"Otra fuente de motivación para la adopción de las CBDC y monedas digitales emitidas por el BCP tiene que ver con el auge de las criptomonedas y las criptodivisas de emisión privada", fundamentó. Finalmente, puntualizó que hoy los especialistas en finanzas ya están familiarizados con las dificultades que contienen las divisas digitales, no obstante, aclaró que hay criptodivisas diferentes al Bitcoin, que se caracterizan por su mayor estabilidad.

Así también, el uso de las CBDC sería más barato que el dinero efectivo, que es más costoso de producir, además de la infraestructura que demanda.

Según un estudio de BBVA Research, las monedas digitales emitidas por bancos centrales pueden introducir cambios a las características propias del efectivo, cuyo acceso es universal, mientras que las monedas digitales podrían ser restringidas, es decir utilizado por un número limitado de usuarios. Además, las CBDC pueden ser anónimas, como es el caso del efectivo, o identificables, como cuentas corrientes, y poseer o no intereses.

Por otra parte, la adopción de las CBDC persigue cuatro objetivos fundamentalmente: mejorar el funcionamiento de los sistemas de pago al por mayor; sustituir el efectivo por una alternativa más eficiente; mejorar los instrumentos disponibles de política monetaria, especialmente cuando se enfrentan al límite inferior de cero; reducir la frecuencia y el coste de las crisis bancarias.

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