Entre cerros y barro: cómo el Hard Enduro acelera como nueva industria del deporte motor

El rugir de las motos entre cerros, arroyos y senderos se está volviendo cada vez más habitual en Paraguay, pues así suena el Hard Enduro, una modalidad del motociclismo que, aunque para muchos aún es desconocida, va sumando practicantes en todo el territorio nacional. Para entender de qué se trata esta exigente disciplina, conversamos con Esteban "Pitu" Feliciangeli, piloto apasionado del enduro extremo.

A diferencia del motocross, por ejemplo, que se corre en pistas cerradas con saltos y curvas, el enduro tiene lugar en la naturaleza de nuestro país, donde los obstáculos no se construyen, sino que se encuentran entre piedras, raíces, pendientes, barro y lechos de arroyos que son los verdaderos protagonistas. Dentro de esta categoría, se lleva la exigencia al máximo y empuja los límites con pruebas que pueden durar de 3 a 8 horas, e incluso extenderse por varios días.

“Lo que me enamoró de esta modalidad es la combinación de desafío físico y mental. Se trata de superar obstáculos difíciles, hacerlo extremo, pulsearse con la naturaleza”, explicó Pitu. Aunque la denominación oficial llegó un tiempo después, esta modalidad tiene raíces profundas años atrás en Paraguay según el piloto. “Nuestros primeros endureros ya practicaban esto sin saber que existía como modalidad. Exploraban nuevos caminos, cruzaban montes con machete en mano, enfrentándose a todo tipo de terrenos. Luego, nos dimos cuenta que en el mundo eso se llamaba Hard Enduro”, comentó Feliciangeli.

Actualmente, la práctica se concentra principalmente en el interior del país por la característica importante que requiere de pistas con serranías en zonas como Cordillera, especialmente en localidades como Piribebuy, Atyrá, Paraguarí, Cacupé y sus alrededores. Otras regiones como Colonia Independencia, Santa Rita y Hohenau también ofrecen paisajes ideales para este deporte. “Para nosotros, cualquier lugar con montañitas o accidentes geográficos es un parque de diversiones”, aseguró el piloto.

Al consultarlo sobre la accesibilidad económica del deporte, el piloto asegura que, si bien requiere una inversión inicial, no es estrictamente necesario ni tampoco lo considera un obstáculo. “Hay motos nacionales equipadas para enduro que funcionan perfectamente. Se puede empezar con US$ 1.000 o US$ 100.000, todo depende de lo que uno quiera y pueda invertir. Pero como decimos siempre: es más el indio que la flecha. Buenos pilotos con poca inversión logran maravillas”, afirmó.

Esta comunidad endurera se volvió un auge y el punto de inflexión para su crecimiento fue la pandemia. “Catapultó nuestra disciplina. Surgieron muchos nuevos pilotos, grupos en casi todas las localidades del interior. Luego bajó un poco, pero sigue en auge y va a seguir creciendo”, destacó Feliciangeli.

“Me gustaría que en cinco años haya más escuelas, más pistas, y que existan apoyos gubernamentales y de las marcas. No debe verse como una molestia, sino como una actividad sana”, remarcó respecto al futuro del deporte motor y de esa forma reconoce que aún existen desafíos pendientes.

Para quienes deseen iniciarse en este apasionante mundo aconsejó acercarse a la comunidad, priorizar la seguridad y disfrutar el camino. “El día que te subís a una moto, tu vida cambia. Es una droga muy difícil de soltar”, concluyó.

 

 

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